martes, agosto 14, 2012

Experiencia de vida

En Alaska uno de los deportes más tradicionales es la tala de árboles.

Un joven quería convertirse en un gran leñador. Desde pequeño, oyó hablar del mejor talador de la zona.

 

Aquel hombre, a quien todavía no conocía, se había convertido, en sueños, en su ídolo.

 

Cierto día, caminando por un bosque, tuvo la oportunidad de conocerlo. Acercándose lentamente y con in disimulada admiración, el joven le dijo:

- “Quiero ser su discípulo. Desde siempre quise aprender a cortar árboles como lo hace usted. ¿Puedo ser su alumno?”

 

El leñador aceptó y durante algún tiempo le enseñó pacientemente.

 

A los pocos meses, el joven creyó que ya había aprendido todas las lecciones posibles, e, incluso, que había superado a su maestro. Al ser muchos años menor, se sentía vital, con más fuerza y más agilidad, por lo que dejó de estar a la par del leñador.

 

Llegado el próximo invierno, el joven se apresuró a inscribirse en el certamen de leñadores. Y para su sorpresa, el único rival iba a ser… su maestro.

 

Ambos aceptaron el desafío. Sería una competencia de varias horas para saber cuál de los dos era el mas hábil para cortar la mayor cantidad de árboles.

 

El joven comenzó a cortar con sumo vigor; entre árbol y árbol, observaba a lo lejos a su maestro, que permanecía sentado la mayor parte del tiempo.

 

El joven volvía a su tarea, seguro de vencerlo. 

 

Al finalizar el día, el juez hizo el recuento de árboles, y, para gran sorpresa del aprendiz de leñador, el maestro había cortado mayor cantidad.

 

- “Esto no puede ser. Debe haber un error. ¡Siempre que lo miré estaba descansando!, dijo el joven, sin ocultar su furia.

 

- “Te equivocas, hijo”  -respondió el maestro leñador-; “No estaba descansando, sino afilando mi hacha. Esa es la razón por la que tu has perdido”.

Moraleja: aprovecha las lecciones de la experiencia. La experiencia no es sólo lo que has conseguido, sino lo que has aprendido. 

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